La casa con tradición de Maruja

La ruta general

Hace más de 40 años, La Ruta nació de manos de Maruja Arduengo a solo 10 kilómetros de Cangas de Onís. Al principio, solo era un bar ocasional que se montaba para las ferias de ganado de Santillán con una mesa que servía como mostrador. Poco a poco, La Ruta creció para convertirse en un referente de la zona tanto por su cocina como por su ambiente.

Detrás del mostrador, Maru ejercía de anfitriona siempre con una sonrisa en la cara. Paseaba entre las mesas para saber si la gente estaba conforme con los platos, preguntaba por los familiares conocidos, regañaba cariñosamente al que bebía más de la cuenta… era el alma de un lugar donde la gente se refugiaba para comer, para estar acompañado y para sentirse como en casa cerca de la chimenea.

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Maru en una de sus visitas de cada tarde a La Ruta

La Ruta nunca ha sido un restaurante al uso: en el escaño son muchos los que se han sentado a pasar tardes de invierno, comentar anécdotas de la zona o compartir preocupaciones. Y, a diferencia de muchos locales de España, se admitía que los clientes entraran en zapatillas incluso de las de estar por casa. Pero había más motivos además del ambiente: la sopa de hígado o el cabrito de La Ruta siempre fueron motivo de visita para los más cercanos e, incluso, para muchos que sin ser de Asturias se acercaban a disfrutar de su cocina y su ambiente.

Hoy en día, La Ruta mantiene ese espíritu y la comida casera (tanto la más tradicional de la zona como la de cualquier casa) es la seña de identidad de un restaurante que ha sabido recuperar las recetas que hicieron de su cocina uno de los mejores lugares para comer en Amieva. Una cocina que no solo invita a saborear los aromas de Asturias sino que, además, incita a repetir la visita. Nuestra chimenea sigue encendiéndose cada mañana de frío para hacer más acogedor el bar… y sí: seguimos admitiendo clientes en zapatillas de cuadros.

Buena cocina, ambiente familiar y una filosofía: comer como en casa a pesar de estar fuera de ella. Un espíritu que conservamos a pesar de que Maru solo baje de visita cada tarde a vernos y asegurarse que, incluso sin ella detrás de la barra, La Ruta respira como ella le enseñó.

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